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19 de septiembre de 2020

NO VOLVER

 


Voy tragando soledad en compañía     

del ruido infame de los recuerdos

que me persigue y traspasa en las calles

como un holograma hecho de cosas

innombrables al contacto con mi voz.

Puñados de soledad caen enroscados a la lluvia helada,

desde una mano parecida al cielo estéril,

sobre cuerpos como el mío encontrándose

y estorbándose de esquina a esquina;

rectas donde converge la confusa ilusión óptica

que ofrecen encerrados en una proximidad baladí,

mientras un semáforo impaciente renueva

el esfuerzo por dividirlos en apenas ropajes visibles.

Y yo, ahí, detenido, atento al desenlace del olvido,

cuajando aquellas formas encimadas por el viento.

Otras veces, mientras desollo la piel de la noche,

la soledad me ha tragado a mí, en compañía de nada parecido

a tus ojos tras el espejo cuando tomaban mi puesto

y removían las cenizas de cada pulmón,

que llevan no pocos años aspirando ocasos,

empuñando los planos de un rostro

incluso desde las platinadas y monótonas nubes de invierno,

negociando en mi nombre la retirada de una

y otra pupila, que insisten en cavar su tumba,

buscando la fosa común de la vida,

cuyo tajo abierto palpita invisible bajo los resumideros,  

antes de cruzar la última calle

donde culmina el deambular bajo la neblina de mis pasos.

Ay, ¡y es que otras tantas veces!, hacia el fondo

del vaso, besando la espuma de la cerveza, me busca

hasta suplantar el respaldo de la silla; encerrado

entre paredes mece mis ojos abiertos,

esparce su letanía de silencios, su esperma de brazos cansados,

y funde su aliento de palabras desdentadas con el fulgor

de una lágrima huidiza. Rendido, acepto su invitación

para recibir la promesa inútil del alba, en tanto

me permita ensayar mi estreno final quedándose dormida

a los pies de la cama.

18 de abril de 2020

07. 04. 2015



Aquellos ojos parecían cansados
de registrar bajo los pies
sus propios pasos inmóviles
antes que conformasen el lodo.
Recogía las colillas del suelo
para así fumar el resto de sufrimiento
que ya no cabía en las bocas ajenas.
A medida que avanzaba,
sentía cómo los pulmones, agitados
de cuentas regresivas, quemaban
estaciones en la yema de los dedos,
y en los ínfimos residuos
que flotaban desechos a ras de suelo,
se trazaba meandros en donde
presa de una ligera duda
otra huella endurecida por el sol
detenía repentinamente
aquel movimiento desesperado por invadir
los límites inagotables del pantano.

16 de marzo de 2020


COSAS QUE PIENSAS DE MADRUGADA
MIENTRAS LEES A KARMELO IRIBARREN



Después de intentar asestarle no pocos golpes
a un cielo tan vacío como cerrado,

y recibir de vuelta –tirado en el suelo, exánime,
una vez declarada oficialmente tu derrota
por cansancio crónico
tras haber arremetido inútilmente
contra un oponente a medio camino
entre lo invencible y lo invisible– la caricia 
indiferente del viento
sobre la mejilla más expuesta
que obligó a tus nudillos a un retiro prematuro,

ya sólo te conformas
con que para mañana esté despejado
y así puedas tender la ropa.

1 de marzo de 2020


CUÁNTO MÁS, NO SÉ



Con todo el dolor y más,
voy directo a la muerte,
y si mañana continuo despierto
será otro espurio milagro
que haya presenciado.
Con todo el dolor y más,
apenas pido la palabra al tiempo
para quedarme callado
en su infinito desastre
cuando me arrebata la voz.
Con todo el dolor y más,
dimito de las lágrimas
cuyo paradero sólo ha sido
salar los charcos
o fundirse en las grietas
dibujadas por el sol. 
Con todo el dolor y más,
exhumo mis fracasos
y me lanzo a ellos
confiado en ahogarme
bajo un mar de huesos.
Con todo el dolor y más,
todo vive sin mí
y respirándome aquí dentro
me pide asumir
de una vez por todas
que aquella reserva de oxigeno
está holgadamente vacía
desde que alguna remota
recarga de aire puro
venida quién sabe de qué estación
arrancada del olvido
huyó hacia las fauces
del silencio.
                                   

29 de octubre de 2019

ESCRIBIR POR Y PARA NADA



Escribir por el hastío que gotea en los corredores
de todas las mañanas.
Escribir para darle, acosado por el mutismo,
ocupaciones a la inquietud.
Escribir sólo por llenar el tiempo de espera
en la sala de tortura, hasta que el cuerpo ceda a los azotes.
Escribir por ti, para soñar con tu imagen
sustraída del trajín insoportable
envileciendo los pliegues de las sábanas,
y consolidarla en las ilusiones amansadas por el delirio,
antes de que la realidad implacable separe los muros
y me estrelle contra el pavimento donde ya no estás,
puesto que siempre fuiste ciudadana del cielo.
Escribir porque la pantalla te habla,
y me recuerda aquellos días en que no escribir
hacía feliz a otro hombre.
Escribir para franquear las lágrimas,
para dormir al fin exhausto frente a una jornada inútil.
Porque la vida cansa desde que la deletreas por primera vez.
Escribir para distraer esa atonía
que precede a la muerte desde que naces.
Escribir también a veces para describirla.
Escribir cuando se pueda, cuando se quiera,
cuando se deba; pues de lo contrario, sin escritura,
no habría más remedio que renunciar
a cualquier espera inmóvil, y adelantar de inmediato
este plazo mortal, reduciendo impaciente
la feble distancia que nos separa de la atracción inalterable
ejercida por un imán arrancado de la Nada.

10 de octubre de 2019


28, Septiembre, 2014



Podría quedarme horas, días, semanas enteras
parado aquí, en este lugar que no me conoce,
mirando, en fin, nada sobre nadie,
mecido en esta corriente de pensamientos etéreos,
destinados a desenredar saudades
o encargar pesquisas a la vida que hiede
en lontananza, mientras desfilan por el costado
sombras correteando cuerpos azorados.
Aquí, sin tomar un solo libro durante no sé cuántos días,
ni familiarizarme con ningún sonido interior.
Tan solo que el universo desespera reclamando
la inmediata compañía de mi voz, cuando contempla el silencio
que resume mi última contestación; así, imagínate,
que ni existir duele.

Quizá pueda ser lo que se eleva, ignoto,
desde aquello que parece luz, barro y tiempo,
si procuro abrazarme del aire cuando no me toca
y redacto las leyes de la mirada absorta
en la transición que separa lo interno de lo externo.

Todo, no sé cómo, sin hacer o decir nada:
se trata de captar cómo el retiro de algo que soy yo
se eleva por entre los ojos de quien vislumbra
lo que se encuentra en la recepción del ocaso
a la espera de comenzar su gran entrevista con la Nada.

28 de julio de 2019


Vívido silencio


Rehúyo la inspiración.
La boca cerrada y las manos inertes,
simulacros del cadáver esquinado en mi cama
cuyo rechinar de dientes acuna mi sueño,
me bastan para vivir.

Si las palabras
han mojado mi cara 
al despertar de la resaca
prefiero cerrar la llave a tiempo
y dejar secando mi cuerpo al sol otoñal.

Pero si a estas palabras ya cansadas de volver a surgir
peleándose el desagüe
o la mirada cruda, pesada y fatal detrás del espejo
el silencio las induce a un más que digno
suicidio sin notas aclaratorias,
no buscaré las causas
o juntaré grano
por grano sus cenizas
ni honraré su memoria desperdigada bajo el mar:
acabando consigo mismas,
nunca existieron.

Cambiaría toda la poesía
propinando los mejores golpes en la página
por esa mirada anónima que sin advertir su propia presencia
enreda entre las pestañas algún verso vaporeo y fluctuante
que atrapo justo antes que se diluya en mí.


11 de junio de 2019


ANTES DÉJAME 

–2013



Déjame pasar por alto 
los trazos de mi conciencia 
en la musitada noche;
no me describas 
cuánto trabajo cuesta 
escabullirse 
segundo a segundo 
de sus tentáculos abrasivos.
Prometo no mencionarte 
cuando te consulten 
por mi ausencia. 

Déjame escuchar 
en la última canción 
el sonido de tu voz
hilando en la música 
y así poder sumergirme 
bajo la melodía 
que más me gusta 
encordado de tus lagrimas. 

Déjame el suicidio 
menos malsano 
que encuentres 
cuya costra parezca 
un nicho hermoseado 
por decoradores de interior 
–pero 
cueste lo que cueste 
aquí no dejes nada 
al azar. 

O por último déjame 
antes que mi voz anuncie tu partida 
una encarecida 
y esencial 
petición 
lo único importante aquí 
pues fuera de la quimera 
sólo podrías concederme nada. 
Es más, 
olvidemos 
si prefieres 
cualquier otra solicitud 
antes de ésta: 

Déjame 
porfavor 
otro día más de vida 
para organizar mejor 
mi aplazada 
muerte.

27 de noviembre de 2018


RESUMIENDO


Un rastro tenue de fascinación
como la luz enceguecedora del sol
perfilada sobre el mar
atascado bajo tres costillas.
Esto queda, supongo.
Porque los fantasmas de la vida
son una sombra cuyos pasos
persigo a tientas.
Cuanto pasó, no lo recuerdo, lo que se dice, con exactitud prodigiosa
ni siquiera valiéndome
de alguno que otro recuerdo inventado.
Siendo así, no queda más remedio que depositar
sobre una sola mano de preferencia,
con la que escribes aquellos rescoldos que,
por su duración, aún queman mi palma
pero no alteran sus líneas.
Sé, sin embargo, que mientras espero entre puñados de silencio,
una flecha, desde mi boca cerrada,
dirigida hacia las grietas del cerebro,
exprimirá mis pensamientos
y desprolijamente los pondrá a secar
en ésta y otras noches de reluciente frío cerrado
 ―por la vertiente seca del ocaso
un espacio inviolable espera abrazar
mis espasmos de olvido.
No llores, nunca vale ninguna pena; mejor empuña
el aire con los ojos, y que, al abrirlos,
las arenas de un perpetuo oasis dibujen los días.
Si me esperas, como yo tanto espero,
prometo que mis parpados cerrados,
mediando sin más éxtasis que el cansancio,
te enseñarán o serán el camino.

16 de octubre de 2018

CANCIÓN SEPARADA AL NACER



Un poco más de tiempo,

cuando estemos tan cansados de lo vivido;

ahí busca la dirección del humo que habré dejado.

Y al cabo compruebes aplastada 

la última colilla bajo tu zapato,

mira por el rabillo de tu alma,

busca algún sonido en pie tras el diluvio,

y ven a levantar conmigo

esa torre para la campanada final.


1 de octubre de 2018

EN EL MUTISMO YACE LO ÚNICO REVELADOR




Nunca tuve algo exacto que decir 
sobre la vida. ¿Y ella, ya que no admitió 
ningún rastro de mi presencia, 
cuando la deje atrás, cuando cuele su voz
en el silencio, tendrá alguna palabra 
que rediscutir, un punto seguido 
que renegociar, algún vocablo ilegible 
que balbucear, en su lenguaje comprendido 
sólo por los pájaros y los gusanos, acerca de mí?
¿O se acallarán los vestigios de su voz, de golpe, 
en cuanto ose merodear, buscando
trasponer una efímera transición exánime,
los límites que la unen con mi mensaje, 
cuya traducción, tras una respuesta muerta, 
no le está permitido pronunciar?

19 de agosto de 2018


30, octubre, 2014




Desplomas tu cabeza

sobre la mesa de centro

y no sabes ahora

si eres una larga mesa apolillada

el asiento arrinconado

que la completa en la punta

o finalmente el aire vacío

en cuya fluidez inacabable

cuelgas un cuerpo

a la expectativa

de que aquel horizonte

sea por fin tu mirada

dejándose caer.

2012 o 2013

...

Caes hondo encima de ti mismo
acallando indiferente los demonios que nadan
en la superficie del pozo, cuyo nivel siempre óptimo
nunca se desborda.

Máximas de trompetas, enganchadas entre sí
por clarinetes alambrados, óxido de palabras
en donde la búsqueda del fondo surge dispersa
pues ese triste pretérito “tuvo”
separa de su imperioso sentido
aquel destino imposible del presente
que escurre inasible y resignado
entre la retórica mano de un distante “tiene”.

Purgar
una tras otra
las heridas
de un vientre invisible,
aparecidas en las ondulaciones
de esta turbia agua oculta
bajo el reflejo cristalino
del sol radiante,
hogar de voces originadas
en sombras futuras,
cimiento hecho con ahogos ya cumplidos,
último susurro nacido del abismal impalpable,
respiraciones jadeantes
que no dicen nada, luto inalcanzable del beso,
y para terminar,
aquella pálida inmersión del absoluto
en cuya orilla
un puñado de flores
marchitándose inagotables encima de una tumba vacía
tampoco dicen nada.

24 de julio de 2018

*

Sólo quería saborear
el olor de la muerte
pasar mi lengua rasposa
en los gráciles recovecos de su umbral, allende, dicen, los cementerios
No estaba pronosticado que abrieran la puerta 
para inducirme muy cortestemente
tomándome del cuello, empujándome, presionando el gatillo
a ingresar enfrentando de inmediato
el costo de una inopia
cuya sanción ejemplar es hacer valer aquella frase
alusiva al pobre gato muerto
después de increparme una y otra vez
por exceder la curiosidad estipulada.

9 de mayo de 2018


*




Las mujeres están destinadas a vomitarse
con ayuda de dos dedos ajenos,
         dedos rotundos
                         delgados
                                 largos,
capaces de encauzar
el llanto de un hombre desahuciado
por un amor ausente en las entrañas.

La garganta yace inflamada
por causa de los forzados intentos
de evacuar el primer
mechón de cabello limpio y perfumado;
y la sangre, desperdigada
sobre un pañuelo sepultado,
oficia las señales inexpugnables
de aquel cuerpo inalcanzable en la náusea.

El amor es una vergüenza
                            –este poema, también–,
de otra forma no habría explicación
para solicitar limosnas
e inclinar el íngrimo pudor de nuestro cuello
ante los pies de cada prójimo
que nos ofrezca sus bríos
                              para así extirpar
los sollozos alojados
detrás de cada torpe palabra
esbozándose en esta barra ensangrentada
por habérsete derramado tu séptimo vaso.

Ningún amor caerá desde aquella delgada tela
que cuelga de tu boca
y divide el arrepentimiento consciente

del

a-rre-pen-ti-miento.