ESCRIBIR POR Y PARA NADA
Escribir por el hastío que gotea en los corredores
de todas las mañanas.
Escribir para darle, acosado por el mutismo,
ocupaciones a la inquietud.
Escribir sólo por llenar el tiempo de espera
en la sala de tortura, hasta que el cuerpo ceda a los azotes.
Escribir por ti, para soñar con tu imagen
sustraída del trajín insoportable
envileciendo los pliegues de las sábanas,
y consolidarla en las ilusiones amansadas por el delirio,
antes de que la realidad implacable separe los muros
y me estrelle contra el pavimento donde ya no estás,
puesto que siempre fuiste ciudadana del cielo.
Escribir porque la pantalla te habla,
y me recuerda aquellos días en que no escribir
hacía feliz a otro hombre.
Escribir para franquear las lágrimas,
para dormir al fin exhausto frente a una jornada inútil.
Porque la vida cansa desde que la deletreas por primera vez.
Escribir para distraer esa atonía
que precede a la muerte desde que naces.
Escribir también a veces para describirla.
Escribir cuando se pueda, cuando se quiera,
cuando se deba; pues de lo contrario, sin escritura,
no habría más remedio que renunciar
a cualquier espera inmóvil, y adelantar de inmediato
este plazo mortal, reduciendo impaciente
la feble distancia que nos separa de la atracción inalterable
ejercida por un imán arrancado de la Nada.
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