19 de agosto de 2018


30, octubre, 2014




Desplomas tu cabeza

sobre la mesa de centro

y no sabes ahora

si eres una larga mesa apolillada

el asiento arrinconado

que la completa en la punta

o finalmente el aire vacío

en cuya fluidez inacabable

cuelgas un cuerpo

a la expectativa

de que aquel horizonte

sea por fin tu mirada

dejándose caer.

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