30,
octubre, 2014
Desplomas tu cabeza
sobre la mesa de centro
y no sabes ahora
si eres una larga mesa apolillada
el asiento arrinconado
que la completa en la punta
o finalmente el aire vacío
en cuya fluidez inacabable
cuelgas un cuerpo
a la expectativa
de que aquel horizonte
sea por fin tu mirada
dejándose caer.
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