RESUMIENDO
Un
rastro tenue de fascinación
―como la luz enceguecedora del sol
perfilada
sobre el mar―
atascado
bajo tres costillas.
Esto
queda, supongo.
Porque
los fantasmas de la vida
son
una sombra cuyos pasos
persigo
a tientas.
Cuanto
pasó, no lo recuerdo, lo que se dice, con exactitud prodigiosa
―ni siquiera valiéndome
de
alguno que otro recuerdo inventado.
Siendo
así, no queda más remedio que depositar
sobre
una sola mano ―de preferencia,
con
la que escribes― aquellos rescoldos que,
por
su duración, aún queman mi palma
pero
no alteran sus líneas.
Sé, sin embargo, que mientras espero entre puñados de silencio,
una
flecha, desde mi boca cerrada,
dirigida
hacia las grietas del cerebro,
exprimirá
mis pensamientos
y
desprolijamente los pondrá a secar
en
ésta y otras noches de reluciente frío cerrado
―por la vertiente seca del ocaso
un
espacio inviolable espera abrazar
mis espasmos de olvido.
No
llores, nunca vale ninguna pena; mejor empuña
el
aire con los ojos, y que, al abrirlos,
las arenas
de un perpetuo oasis dibujen los días.
Si
me esperas, como yo tanto espero,
prometo
que mis parpados cerrados,
mediando
sin más éxtasis que el cansancio,
te
enseñarán ―o serán― el camino.
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