COSAS QUE PIENSAS DE MADRUGADA
MIENTRAS
LEES A KARMELO IRIBARREN
Después
de intentar asestarle no pocos golpes
a
un cielo tan vacío como cerrado,
y
recibir de vuelta –tirado en el suelo, exánime,
una
vez declarada oficialmente tu derrota
por
cansancio crónico
tras
haber arremetido inútilmente
contra
un oponente a medio camino
entre
lo invencible y lo invisible– la caricia
indiferente del
viento
sobre
la mejilla más expuesta
que
obligó a tus nudillos a un retiro prematuro,
ya
sólo te conformas
con
que para mañana esté despejado
y
así puedas tender la ropa.
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