26 de enero de 2018

LO SOSTENGO:




Me he dado cuenta, muy a mi pesar -o no tanto, pues en cierta medida lo esperaba-, que en Concepción anidan, tanto como en cualquier otra ciudad en vías de modernizarse o de plano moderna, una entusiasta cantidad de poetas engrupidos y mal envasados por la idiosincrasia chovinista de este país, que regurgita “artistas” incluso después de beber agua mineral. Desprovisto de asombro, hace minutos vi un video en cuyo contenido se logra apreciar cómo uno de esos llamados poetas, Arnolfo Cid, declama en El Averno (Ex Alcatraz) arrobado con su personaje mientras dentro suyo busca experimentar la posesión de algún poeta maldito, figura exprimida hasta la seques, o alguna clase de autor obsceno, que bajo el prurito de impresionar con su pretendido rupturismo verbal, en más de una ocasión no escatima gastos con tal de caer en el mal gusto. No me explico el afán de lanzar versos por descarte, escribir mal pero obsesionarse con que el resto lo sepa, y valerse en vivo de un personaje para exculparse ipso facto. Y como broche de oro, un presentador que al parecer también “es poeta”, quien luego de alabarlo tal cual dicta el decálogo del poeta joven según comportamiento entre sus pares, grita satisfecho y orgulloso un slogan a propósito de no sé qué simbolismo impreciso: “¡Aguante la poesía conchetumadre loco!” Qué repugnante son los poetas jóvenes o adulto-jóvenes, en especial cuando basta un poema para descubrir lo poco y nada que logran escarbar en la elaboración de sus mierdas de poemas, y sin embargo lo mucho que anhelan hacernos saber la desvergonzada fatuidad que precede su altivez. Menos mal que casi nunca voy al ‘Averno’ ni al ‘Mal Paso’ (otro bar, éste último, y mucho más acentuado, donde cohabitan estos “tocados” por la gracia del verso); prefiero los bares donde quien da el jugo lo hace sin abrazar su ego.

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