10 de enero de 2016

10, 01, 2016



Tus ojos negros, desprovistos de iris
y esclerótica, rendidos a la pupila,
como un pozo seco cavado
hasta el infinito, son ventanas
para mirar por dentro la muerte.
En este balcón, por cierto, nadie mira
desde adentro hacia afuera; hacerlo,
equivale a mirarse a sí mismo.
Pero, el paisaje interior de la muerte
es invisible y mucho más vasto
que cualquier otro imaginable.
Tampoco basta con cerrar los ojos;
morir es otra cosa y ninguna a la vez.
Quisiera saber dónde se encuentra
aquel paisaje –no sirven sus vagas
manifestaciones–, pero sospecho
que está, al vivir, guardado bajo
ese no decirse nunca; y morir,
es solamente completar el mutismo.

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