24 de junio de 2015

SÍ, PASÓ


El arroyo que fluye fuera del tiempo
es del tiempo fluir;
las hojas del vetusto roble
parecen hombres que caen
presas del viento crepuscular
sobre su impasible corriente
y viajan irredentos
por la disposición caprichosa
de la quebrada
para ir a dar a inciertos ríos
destinados al mismo mar.
De tanto avanzar esta agua inestimable
por trazos invisibles
que delinean su infinito irse,
se forman grietas
cediendo al vals ininterrumpido
que, incansable, parece detenerse
en medio del compás de una música
que acompaña desde siempre;
Nadie la escucha, es cierto,
o quizás sólo a ratos
consigue oírse algo, salvo, desde luego,
aquélla siempre atenta a sí misma,
como el sonido que sólo capta
quien lo hace posible,
cuyas notas unidas
a su tímpano interior
se consagran en la armonía
del devenir implacable.
En alguna ladera repleta
de hojas huérfanas
alguien ha sido talado,
mas a ras del arroyo ajeno e inviolable
susurra un vapor matinal
encargado de vengar el desaire
sufrido por la corriente:
"Siempre vigila tus raíces;
y aunque antes que nada eso sí
quieras oír y reconozcan tus sollozos
cuán imposible es que no te importe,
tú nunca le importarás.
Una vez más has olvidado
lo único que no debías descuidar:
el arroyo solamente fluye".

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