Cuando te encuentras con una nueva ciudad en donde
depositar tus desdichas, tus humores, tus desengaños, tus furores y tus desasosiegos, éstos, sin excepción, parecen menos nocivos, menos asfixiantes,
pues siempre resultará estimulador rehabitual meticulosamente a un terreno virgen
cada golpe mortal socavado en otra ciénaga infértil a causa de tus nudillos artríticos.
Bienvenido Concepción.
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