Para quedarme dormido dispongo solamente de tres métodos tras el mismo resultado: inventar versos en la oscuridad, reconocer los labios de una mujer invisible ocupando mi pensamiento y retrotraerme hacia algún episodio de ínfima satisfacción. ¿La razón de toda esta justificación de escaso valor? La poesía, el amor y la alegría me cansan.
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