...Y
TODAVÍA QUEDAN DIECINUEVE EN LA CAJETILLA
Los hombres buscan a una mujer en un bar
como el último cigarrillo de la cajetilla.
¿A qué deberán tanta insensatez?
¿Cuándo comprenderán que de cada colilla
por la cual se baten a duelo
surge otra bocanada de muerte
encima de la sombra que los abandona?
Y yo que apenas llevaba el primer cigarro encendido
y en un abrir y cerrar de ojos caí muerto
a los pies de un cenicero repleto con los restos
de mis pestañas.
Un cenicero que a toda su capacidad de muertes y vidrios
tus dedos delgados las uñas de riguroso negro
los nudillos que acariciaron el pálido rostro
de alguien que fumaba y te miraba
intentaba sonreír pensando “jamás este tabaco terminará
jamás un límite quemándome
la yema de los dedos”
quiero decir un cenicero que ya trizado
a causa de lo que estrellé sobre él
tus dedos parecidos al cielo
vacían dentro del basurero cierran el tacho
dan media vuelta y me doy cuenta
que comparto despojos cadáveres
y un hedor a recuerdo estertóreo
junto a otros hombres que arden gimen
y se asesinan unos a otros
convencidos de no consumirse como yo.
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